viernes, 6 de enero de 2012
Los adioses
Llevábamos nueve años en la costa catalana y ya nos íbamos, faltaban dos o tres días para el fin del exilio, cuando la playa amaneció toda cubierta de nieve. El sol encendía la nieve y alzaba, a la orilla de la mar, un gran fuego blanco que hacía llorar a los ojos.
Era muy raro que nevara en la playa. Yo nunca lo había visto, y sólo algún vecino del pueblo, recordaba algo parecido, en tiempos remotos.
Se veía muy contenta la mar, lamiendo aquel inmenso helado, y esa alegría de la mar y esa blancura radiante fueron mis últimas imágenes de Calella de la Costa.
Yo quise respoder a despedida tan bella, pero no se me ocurrió nada que decir. Nunca he sido bueno para los adioses....
Eduardo Galeano
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los adioses no se debiean de dar...en toda despedia debiera de haber un propósito: ¡VOLVERNOS A VER PRONTO!
ResponderEliminar¿te apuestas algo a que algún día coincidimos en la misma tierra debajo de nuestros pies?
Una despedida muy especial.
ResponderEliminarCiertamente los adioses son siempre difíciles, Chechu. Muchas veces nos quedamos con las palabras atragantadas.
BESOTES!!!
Nada de adioses, jeje, holas, muchos holas y abrazos fuertes.
ResponderEliminarUn enorme besazo.